—Hey...dicen que son cinco centímetros por segundo
—¿Eh?, ¿qué cosa?
—La velocidad a la que caen los pétalos de cerezo. Cinco centímetros por segundo.
Fue hace como tres años cuando vi por primera vez esa película, "Cinco centímetros por segundo". En un principio tuve mis conclusiones y teorías, encontrar el significado en esa hermosa animación. Ahora puedo decir con certeza que entiendo mejor ese significado. ¡Vaya cosas!... el día de hoy recordaría esa película que un día vi en el club de cinematografía cuando era una estudiante recién salida de secundaría y que buscaba pertenecer a algo. Quince años de edad. Esa fue la edad donde dibujé,pinté,conocí,dramaticé,me enamoré,me perdí,lloré,reí,huí,mentí y no es que ahora no lo haga, puedo decir con seguridad que en ese momento todo se hacia al doble. Era como si la adolescencia me sentara al máximo e hiciera el honor a la palabra clave: adolecer. Al menos el fruto de todo eso fue bueno, un fruto un poco maduro.
Bajé por las escaleras, algo estaba diciendo en ese momento distraída que no percibí que alguien detrás de mi se encontraría buscándome. Cuando pise los últimos escalones una mano se posó sobre mi hombro, de forma suave y por un corto tiempo. En cuestión de segundos me encontré deseando que no fuera una persona con la que solía concordar en ese sitio pero mis ojos se abrieron más, o al menos eso creo, cuando me di cuenta de quién se trataba. Tras preguntarme si venía con mi familia le preguntó a mi agradable compañía si podría llevarme diez minutos. Para mi gracia ella se negó, pensé que también había descubierto de quién se trataba e intentaba no provocarme alguna incómoda situación. Tras insistir bajando la cantidad a cinco minutos ella accedió.
Caminamos fuera del lugar, lo seguí automáticamente hasta llegar a unas escaleras, unas amplias escaleras. —¿Qué edad tienes ahora?—Dieciocho—contesté con naturalidad. Siempre me costaba recordar los años habían pasado desde que nací, así que a veces decía erróneamente otra cosa.
Caminamos fuera del lugar, lo seguí automáticamente hasta llegar a unas escaleras, unas amplias escaleras. —¿Qué edad tienes ahora?—Dieciocho—contesté con naturalidad. Siempre me costaba recordar los años habían pasado desde que nací, así que a veces decía erróneamente otra cosa.
—Ha pasado mucho tiempo—comentó demostrando sorpresa. —¿Tú estás en el seminario?—pregunté a pesar de saber la respuesta.
—Sí, llevo dos años ahí.
—Ha pasado mucho tiempo.
![]() |
| El cielo de ese momento. |
Hablamos de la forma más corta sobre nosotros, quizás el resumen más corto de la historia que yo había hecho. Escuchar sobre sus planes, contarle de los míos; escuchar sus disculpas, dar las mías; escuchar problemas pasados, exponerle los míos. Nos dedicamos prácticamente a hablar del pasado, presente y futuro. Sentía que era una extraña coincidencia, una escena de una película o bien, simplemente un reencuentro.
No supe después qué decirle, había mucho de qué hablar y a la vez no, además que me estaban esperando. Nos esperaban a ambos. Fue por mi cuenta que sugerí terminar la plática, los cinco minutos prometidos se habían convertido en quince o un poco más.
Fuimos de regreso hablando en el trayecto. Al entrar supuse que un adiós bastaba, no esperaba que se despidiera besando mi mejilla, algo totalmente normal pero que me tomó por sorpresa.
—안녕히 계세요—dije pícaramente. Quería ver su expresión.
—¿Qué?
—Estoy aprendiendo coreano—respondí como si asumiera que el debería saber que me despedía en dicho idioma.
—Qué bien—sonrió con aprobación.
Ahora me pregunto la razón de usar una despedida con formalidad, me pregunto si las cosas estaban planeadas, me pregunto si será la última vez que lo vea.
Los pétalos de los árboles del cerezo pueden venir del mismo árbol y caer juntos, pero poco a poco se van separando. La distancia puede incluso a llegar a poner en lugares opuestos dichos pétalos. La caída, el viento y otras cosas pueden influir en ello. Así sucede con las personas.
Hoy un viento con aire divino quizás sopló.
¿Qué misión me espera ahora?, el tren sigue avanzando. Parece un viaje favorable , aunque por eso mismo temo, tal vez sólo deba dejar de ser impaciente. ¡Tendré un buen día hoy!

No hay comentarios:
Publicar un comentario