La voz estruendosa en la sala hizo levantarme, al parecer había una especie de tema importante proveniente de mi nada reservada tía. En un principio pensé que discutían, pero tras asomarme un poco hacia el pasillo que dirigía a las escaleras me di cuenta que sólo era una conversación con mi madre. "Hoy no", pensé y me devolví a la cama. Una fuerza especial, quizás una parte desconocida de mi me hizo levantar e ir a ducharme.
Fue cuestión de una hora aproximadamente para que me encontrara arriba del camión, reflexionando que iba a ser el día que tanto esperaba, que tanto temía, que me estaba provocando una notoria sensación de querer devolverlo todo, nauseas por los nervios o bien por no haber desayunado. Tal vez todo junto. Me enfoqué en mirar a las personas, dos mujeres sentadas asientos más adelante del mio y una niña del otro lado y también adelante que volteaba a mirar atrás casi todo el tiempo, iba acompañada de su madre. En la misma fila había un hombre que recién se había subido apenas yo lo hice unos cuantos minutos después y atrás creí que habían jóvenes de mi edad o un poco mayores. Y así fueron subiendo personas y bajando. En mi interior deseaba que subiera de esos músicos con guitarra que tras pedir permiso comenzaban a cantar alguna canción romántica y al final pedían lo que gustaras cooperar, quería relajarme.
Bajé un poco atontada y como por arte de magia cruce rápidamente las calles, siempre me costaba mucho tiempo por los carros que venían uno tras otro sin detenerse o bien, sin unos segundos de descanso para las calle con vida de actividad sobre ella.
Continué el camino que ya conocía y comencé a meditar para tranquilizarme. Tras identificarme al llegar al "temible" lugar pensé que al menos ya sólo me faltaban tres cuartos, según mi esquema de logros, para acabar esa tortura mental. Tres cuartos que ocurrirían en quizás unos segundos. Tuve impulsos de ideas y hasta mandé un mensaje a una persona desconocida con la que por curiosidades de la vida tenía una especie de lazo problemático y gracioso desde un punto de vista neutral. Cuando observé que los estudiantes salían del aula creí que si me regresaba iba a estar decepcionada de mi misma y durante ese momento recibí la respuesta, en milésimas de segundos pensé que era buena señal el recibir algo positivo y sin dudar más golpee sin mucha fuerza la puerta, la empujé y dirigí mi vista a la maestra que se encontraba apaciblemente sentada.
—Maestra, ¿todavía me recuerda?—pregunté, era una forma de saludo que escondía una especie de excusa a mi ausencia.
—Claro que sí.
Y eso fue el trayecto de cómo vencí al monstruo que creé en mi. A veces las personas le damos una importancia mayor a los problemas y preocupaciones. Yo había creado mis propias ideas aterradoras de lo que sería una simple plática de menos de un minuto a alguien que probablemente no volvería a ver después de una semana.
Me reí a mis adentros y sentí un confortante alivio después de todo. Comencé a pensar que cada quien tenía temores a enfrentar ocasionados por sí mismos y podía quedarse estancada en las dudas y miedos, deprimiéndose en un aire de putrefacción. Días, semanas, meses... no sé que hubiera pasado de ser años, sin duda la diferencia que cambia a veces la vida de las personas son los deseos. Mi deseo de "basta de no hacer nada" me despertó, observaba como todos se movían alrededor de mi mientras yo me limitaba a observar.
Aún temo por los resultados pero sin duda hice un gran cambio conmigo, creo que necesito hacer cosas que me impresionen a mi misma; se siente bien el hecho de que halaguen algo tuyo, admiren o comenten algo positivo... pero también es necesario sorprenderse a sí mismo, porque hay muchas cosas posibles que son frenadas por nuestra propia decisión al no aventurarse.
Así me bajé del tren. Me encontraba en un clima frío que hacía temblar mi cuerpo, tenía la idea que podría quedarme allí un buen momento... pero el tren estaría esperando. Sólo tenía que terminar mi misión.
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| Una especie de broma personal, cortesía de un grupo que me gusta. |



